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Ángeles Humanitarios en Bejuma: un pueblo de Carabobo que se volcó por La Guaira

Cuando la tierra sacudió a La Guaira el 24 de junio de 2026, la solidaridad no se quedó únicamente en la costa. A varias horas de distancia, en Bejuma, un pequeño pueblo de los Valles Altos del estado Carabobo, la comunidad decidió que la mejor manera de acompañar a las familias afectadas era abrir sus casas, sus manos y sus corazones para reunir todo lo que pudiera hacer falta en la zona del desastre. Así nació la jornada que hoy se recuerda como Ángeles Humanitarios en Bejuma en apoyo a La Guaira.

Un pueblo pequeño, un gesto grande

Bejuma es, ante todo, un pueblo de tradición y comunidad. Fundado en el siglo XIX gracias a la generosidad de familias que donaron sus propias tierras para levantarlo, mantiene hasta hoy ese espíritu de cercanía y ayuda mutua. Fue justamente ese carácter el que se puso a prueba —y salió fortalecido— cuando el equipo de Casa de Pan convocó a los vecinos de la localidad a sumarse a una jornada de recolección de donaciones destinadas a las familias de La Guaira.

La respuesta no se hizo esperar. Vecinos de distintos sectores de Bejuma, comercios locales, familias completas y colaboradores cercanos a la fundación se acercaron con alimentos, ropa, calzado, artículos de higiene personal, agua embotellada y medicinas, cada quien aportando lo que tenía a su alcance. En cuestión de días, lo que comenzó como un llamado puntual se transformó en un verdadero movimiento comunitario.

La logística: el trabajo silencioso detrás de cada caja

Recibir donaciones es solo el primer paso. Detrás de cada caja que finalmente llegó a La Guaira hubo un trabajo cuidadoso y poco visible que el equipo de Casa de Pan asumió con responsabilidad: la logística.

El personal de la fundación se encargó de coordinar un punto de acopio en Bejuma, donde cada donación era recibida, clasificada y revisada antes de ser embalada

Este proceso incluyó:

  • Clasificación por categoría: separar alimentos, ropa, calzado, medicinas y artículos de higiene, para facilitar su distribución posterior según las necesidades específicas de cada familia en La Guaira.
  • Verificación de condiciones: revisar que los alimentos estuvieran dentro de su fecha de consumo, que la ropa estuviera en buen estado y que las medicinas conservaran su empaque y vigencia, garantizando que todo lo recolectado pudiera entregarse con dignidad.

Embalaje y organización para el traslado: preparar cada donación de forma que resistiera el trayecto entre Carabobo y La Guaira, optimizando el espacio para poder movilizar la mayor cantidad de ayuda posible en cada viaje.

Este trabajo de logística, aunque menos visible que la entrega final, fue tan importante como la propia recolección: aseguró que cada donación llegara a su destino en condiciones óptimas y que ninguna familia recibiera algo que no pudiera usar.

Una alianza entre la fundación y la comunidad

Lo que distingue a esta jornada es que no fue un esfuerzo exclusivo de Casa de Pan, sino una alianza genuina entre la fundación y la comunidad de Bejuma. Mientras el equipo de la fundación aportaba la organización, la experiencia logística y la conexión directa con las zonas afectadas de La Guaira, fueron los propios habitantes del pueblo quienes llenaron las cajas: madres que separaron ropa de sus hijos, comercios que donaron parte de su inventario, personas mayores que se acercaron con lo poco que tenían para dar.

Ese trabajo conjunto —fundación y comunidad, unidas por una misma causa— es, quizás, la esencia de lo que significa ser un «Ángel Humanitario»: no se trata de tener mucho para dar, sino de la disposición a compartir lo que se tiene con quienes más lo necesitan.

De Bejuma a La Guaira: cerrando la distancia con solidaridad

Una vez organizadas, clasificadas y revisadas, las donaciones recolectadas en Bejuma emprendieron el camino hacia La Guaira, donde el mismo equipo de Casa de Pan —junto a los líderes comunitarios en el terreno— se encargó de distribuirlas directamente entre las familias afectadas por los terremotos del 24 de junio.

Así, un pueblo de los Valles Altos de Carabobo, sin haber sentido directamente el temblor, se convirtió en un eslabón fundamental de la cadena de ayuda que sostuvo a las comunidades del litoral en uno de sus momentos más difíciles.

Cada caja que salió de Bejuma llevaba consigo mucho más que alimentos, ropa o medicinas: llevaba la certeza, para quien la recibía, de que no estaba solo, de que otras manos, aunque lejanas, también se habían movido por su bienestar.

Una labor que se multiplica

La jornada Ángeles Humanitarios en Bejuma es una muestra más de que la misión de Casa de Pan trasciende un solo lugar o una sola comunidad. Es, sobre todo, la prueba de que la fe y el amor al prójimo pueden movilizar a un pueblo entero, incluso cuando la tragedia ocurrió a kilómetros de distancia.

Quienes deseen sumarse a esta labor, ya sea con donaciones, tiempo como voluntarios o aportes económicos, pueden hacerlo a través de los canales oficiales de la fundación: PayPal, Zelle, Cash App, o las cuentas de recaudación disponibles en Venezuela y en West Palm Beach. Al estar registrada como organización 501(c)(3) en Estados Unidos, cada aporte realizado allí es deducible de impuestos, y Casa de Pan entrega el recibo correspondiente a quien lo solicite.

Desde Bejuma hasta La Guaira, la fundación reafirma una vez más el mensaje que guía cada una de sus acciones: fe que inspira, amor que sirve y acciones que transforman vidas.

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