El 24 de junio de 2026 quedará marcado en la memoria de Venezuela como uno de los días más difíciles de su historia reciente. En cuestión de segundos, dos terremotos consecutivos —el primero de magnitud 7,2 y, apenas treinta y nueve segundos después, un segundo sismo de magnitud 7,5— sacudieron la costa central del país, con epicentro entre Yaracuy y el litoral de La Guaira. La combinación de ambos movimientos, casi sin margen para evacuar entre uno y otro, provocó el colapso de viviendas, edificios y vías de comunicación, además de graves afectaciones en servicios esenciales como el agua, la electricidad y las telecomunicaciones. El estado La Guaira, con su capital y zonas aledañas como Catia La Mar, fue una de las regiones más golpeadas.
Frente a un escenario de esa magnitud, decenas de familias vieron transformada su realidad de un instante a otro: algunas perdieron por completo sus hogares, otras quedaron atrapadas entre los escombros de la incertidumbre, sin acceso seguro a agua potable, alimentos, medicinas o un techo digno. Fue en ese momento, cuando la necesidad era más urgente, que Casa de Pan decidió estar presente.
Una fundación nacida para servir
Casa de Pan es una fundación sin fines de lucro, registrada bajo el estatus 501(c)(3) en Estados Unidos, que nació en 2018 por iniciativa de Clara López de Negrón y su esposo Joel Negrón. Desde entonces, su propósito ha sido claro: llevar alimento, cuidado y esperanza a niños, adultos mayores y familias en situación de vulnerabilidad, tanto en Venezuela como en Estados Unidos y otras comunidades donde la ayuda sea necesaria. Su lema —fe que inspira, amor que sirve y acciones que transforman vidas— cobró un significado aún más profundo tras el terremoto de La Guaira, cuando la organización activó de inmediato su red de voluntarios, líderes comunitarios y aliados para responder a la emergencia.
Movilización inmediata: la solidaridad en acción
Durante los días posteriores al sismo, equipos de Casa de Pan recorrieron distintos sectores de La Guaira llevando ayuda directa a las familias afectadas. La respuesta se organizó en varios frentes de trabajo, cada uno pensado para cubrir una necesidad concreta de la emergencia:
Entrega de alimentos. Se distribuyeron alimentos no perecederos entre las familias que perdieron el acceso a sus cocinas, despensas o mercados cercanos, garantizando que ningún hogar quedara sin sustento en los días más críticos.
Entrega de ropa. Muchas familias perdieron sus pertenencias bajo los escombros. Casa de Pan acercó ropa y calzado para cubrir esa necesidad inmediata, especialmente entre los niños y adultos mayores.
Entrega de medicinas. Ante la destrucción de farmacias y centros de salud, y la imposibilidad de muchas familias de movilizarse, la fundación llevó medicinas directamente a quienes vieron interrumpido su tratamiento.
Asistencia médica. Equipos de la fundación brindaron atención y acompañamiento a personas con condiciones de salud delicadas, priorizando a adultos mayores y a quienes requerían seguimiento cercano tras la emergencia.
Asistencia social. Los voluntarios acompañaron a las familias en un momento de duelo colectivo, ofreciendo orientación, contención y seguimiento a los casos más vulnerables identificados en cada sector.
Apoyo a la comunidad. De la mano de líderes comunitarios, la fundación coordinó la logística de cada jornada, trabajando junto a las propias comunidades para que la ayuda llegara de forma ordenada y a quienes más la necesitaban.
Donaciones. Gracias al apoyo de aliados y colaboradores en Venezuela y en Estados Unidos, la fundación logró canalizar recursos y donaciones que se transformaron rápidamente en comida, medicinas e insumos para quienes más lo necesitaban.
Movilización inmediata: la solidaridad en acción
Uno de los principios que guió cada jornada fue la atención prioritaria a los grupos de mayor riesgo: adultos mayores, familias con niños pequeños y personas con condiciones de salud delicadas. Junto a líderes comunitarios de cada sector, el equipo de Casa de Pan procuró que cada entrega se realizara con organización, respeto y, sobre todo, dignidad, evitando que la urgencia de la emergencia se convirtiera en una experiencia despersonalizada para quienes ya habían perdido tanto.
Esa manera de trabajar —cercana, ordenada y humana— es también un reflejo de los valores que sostienen a la fundación desde su fundación en 2018: fe, amor al prójimo, dignidad, solidaridad, compromiso e integridad. Valores que, en medio del terremoto de La Guaira, dejaron de ser palabras para convertirse en acciones concretas.
Imágenes que cuentan una historia de esperanza
Cada fotografía tomada durante esta misión —entregas de alimentos, jornadas de asistencia médica, momentos de acompañamiento a familias enteras— es un testimonio silencioso de lo vivido en esos días. Son imágenes que muestran dolor, sí, pero también manos dispuestas a servir y corazones que decidieron unirse para recordarles a las familias afectadas que no estaban solas. Este registro fotográfico forma parte de la memoria histórica de la fundación y de las comunidades que recibieron esta ayuda, y quedará documentado como parte de la sección de Ayudas Humanitarias del sitio web de Casa de Pan.
Una labor que continúa
La respuesta ante el terremoto de La Guaira no fue un hecho aislado, sino una nueva expresión de la misión que Casa de Pan ha sostenido desde 2018: brindar ayuda social y humanitaria a quienes atraviesan situaciones de vulnerabilidad, sin distinción de ningún tipo. Como bien lo expresa la fundación, este espacio «crece con cada historia que documentamos», y la emergencia de La Guaira se suma ahora a ese registro de fe convertida en acción.
Nadie puede predecir cuándo ocurrirá la próxima emergencia, pero Casa de Pan reafirma su compromiso de estar presente cuando la comunidad más lo necesite. Cada donación, cada voluntario y cada mano extendida se convierte en alimento, medicina y esperanza para la próxima familia que atraviese una situación difícil.
Quienes deseen sumarse a esta labor pueden hacerlo a través de una donación directa por PayPal, Zelle, Cash App o mediante las cuentas de recaudación disponibles en Venezuela y en West Palm Beach, todas accesibles desde la sección de donaciones del sitio web de la fundación. Al estar registrada como organización 501(c)(3), cada aporte realizado en Estados Unidos es deducible de impuestos, y Casa de Pan entrega el recibo correspondiente a quien lo solicite.
Frente al terremoto de La Guaira, como ante cada emergencia, Casa de Pan lo resume en una sola frase que resume su identidad: fe que inspira, amor que sirve y acciones que transforman vidas
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